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Bienestar emocional
¿Qué es la asertividad?

¿Qué es la asertividad?

Analizamos una pauta de comportamiento que se sitúa a medio camino entre la pasividad y la agresividad y nos ayuda a resolver los conflictos de la manera más sana posible.
30 octubre 2017 | Paula Benito Martín

La asertividad se puede definir como la habilidad de expresar nuestros deseos de manera amable, abierta y directa sin atacar a nuestros interlocutores. Es un término que se sitúa a medio camino entre la pasividad, cuando evitamos decir lo que no nos gusta, y la agresividad, cuando lo hacemos de forma violenta.

Según Olga Castanyer y Estela Ortega, autoras de ‘Asertividad en el trabajo’, la persona asertiva “conoce sus derechos y los defiende respetando a los demás. No se plantea sus relaciones sociales en términos de ganar o perder sino de llegar a un acuerdo”. Ser asertivo nos va a permitir exponer nuestros sentimientos y opiniones de manera segura; empatizar con los demás, entendiendo sus demandas y necesidades; y por ende, resolver los conflictos que se nos presenten de la manera más sana posible.

Aprende a ser asertivo

Hay gente a la que le resulta difícil ser asertivo y actúa desde la posición de pasividad o agresividad. Aspectos como la educación que hemos recibido, el ambiente que nos rodea, nuestra propia personalidad o las experiencias que hemos acumulado hacen que no logremos desarrollar correctamente esta postura. Sin embargo, hay distintas pautas que podemos utilizar para ser asertivos tanto en el ámbito personal como en el profesional:

-          Como consideran las autoras mencionadas anteriormente, es importante enfrentar las situaciones y tratar de resolverlas de la manera más adecuada, en lugar de evitarlas.

-          Abandonar los pensamientos negativos que colaboran con la baja autoestima, creando un sentimiento de inferioridad o culpabilidad. Intenta abordar las situaciones desde una perspectiva real. Es importante saber decir “no” y poner límites sin sentirnos culpables.

-          No dar por supuesto que nuestro interlocutor conoce nuestros pensamientos y deseos. Este suele ser un problema de las personas pasivas, esperan que el otro sepa cuáles son sus necesidades.

-       Establecer un objetivo claro y defenderlo con argumentos reales y verdaderos, no con juicios. Tener presente que el objetivo es cambiar una situación que nos molesta, no ganar una discusión.

-          Una vez marcado el objetivo, exponer los motivos concretos que sujetan la petición. Este comportamiento puede reducir las probabilidades de que nos rechacen la petición porque sonaremos más convincentes.

-         Expresar el mensaje desde nuestros sentimientos e impresiones para evitar culpabilizar a los interlocutores con expresiones que puedan entenderse como una acusación. El Mindfulness es una práctica que nos puede ayudar en este aspecto, ya que podemos aprender a expresarnos mejor a través de algunos ejercicios. 

-       Tener en cuenta el lenguaje corporal, mantener una postura firme y calmada para no mostrar debilidad ni superioridad ante la otra persona. Es importante, además, que la gesticulación esté acorde con el mensaje que se está transmitiendo. En cuanto al lenguaje verbal, hay que intentar tener un habla fluida, sin bloqueos ni muletillas.

La asertividad en el entorno laboral

Según las autoras de la obra mencionada, “las personas asertivas se caracterizan por la seguridad con la que afrontan sus relaciones personales y objetivos profesionales”. En el ámbito del trabajo este tipo de compañeros son gente amigable, honesta, poco dada a manipular, con credibilidad, empáticos, rotundos o competentes. Mientras que los jefes con este tipo de personalidad presentan una gran capacidad de liderazgo y negociación, tienen en cuenta la opinión de sus subordinados, saben poner límites y tomar decisiones y tratan de construir relaciones transparentes y profesionales alejadas del favoritismo y el vasallaje.

Sin embargo, no siempre tenemos la suerte de dar con compañeros y jefes que presenten estas características y a la hora de tratar con ellos hay que tener presente ciertas técnicas que nos pueden resultar útiles:

-          Ante compañeros agresivos se puede realizar una expresión directa y simple de los derechos e intereses que comuniquen al otro el deseo de ser respetado y valorado. Si este tipo de comportamiento resulta sistemático, no hay que achantarse y adoptar una asertividad escalonada insistiendo con firmeza en nuestra demanda inicial.

-          Al otro lado se situarían los compañeros sumisos o pasivos a los que les cuesta enfrentar conflictos. Ante esto, se pueden adoptar unas pautas para evitar que esa persona se sienta en posición de inferioridad: escuchar activamente cuando hable; buscar puntos de concordancia; evitar interrumpirle; empatizar con sus dificultades y sentimientos; elogiar sus logros; hacer críticas específicas, evitando las acusaciones; y ofrecerle soluciones y apoyo para llevarlas a cabo.

-          Cuando nos enfrentamos a un jefe agresivo puro que acostumbra a culpar a los demás es recomendable defender una serie de derechos: a ser tratado con respeto y dignidad; a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones; y a cometer errores.

-          Como antónimo al anterior tipo de jefe, se presentaría el sumiso, un jefe que evita las discusiones, que no se enfrenta a sus superiores y que delega en sus subordinados para resolver conflictos. A la hora de resolver confrontaciones con este dirigente es recomendable ofrecerle propuestas que solucionen el problema, a través de la consideración y del respeto.

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